lunes, 8 de octubre de 2007

DONDE VOY

Una de las frases de Séneca que mas tengo presente es la que dice: “Para el que sabe donde va, todos los vientos son buenos”. Cuando la leí por primera vez, la analogía me llamo la atención no tanto por su significado inmediato y obvio sino porque suena como una nota discordante en una época en la que se rechaza casi como expresión de fascismo el que se actúe de determinada manera para algo y solo se admite que se lo haga por tal cosa. Es la mentalidad que sólo ve una parte de la verdad: “Las cosas me pasan”; “Actúo así porque lo siento”. Paradójicamente, se tiene en alta estima a la libertad, que implica capacidad de elección entre varias conductas posibles. ¿Será que la libertad es sólo una agradable ilusión? ¿No será tal vez que la supuesta mentalidad fascista es por el contrario la que supone, valoriza y da sentido a la libertad? Me inclino a pensar que la libertad es un presupuesto imprescindible para la vida. La libertad es como el aire: cuando nos falta, todos nuestros esfuerzos no pueden sino estar concentrados en recuperarla, porque la vida sin libertad sofoca. Pero una vez conseguidos tanto el aire como la libertad, sigue pendiente de respuesta el qué hacer con la vida. Respiramos y somos libres para vivir; nos falta todavía elegir libremente a donde vamos, para entonces usar todos los vientos, arriar o izar las velas, o aun remar contra la corriente para llegar. Perdemos la libertad porque no conseguimos renunciar a las cosas que nos dificultan alcanzar el destino elegido, porque libremente optamos por no tenerla y ser en consecuencia esclavos de vientos, corrientes y mareas.

(de “Filosofía de Boliche”)

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